EL PRINCIPE DE LOS PASTORES ES TU PASTOR EXALTADO
TU PASTOR EXALTADO Y LA PRIMERA NAVIDAD
Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo,
el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno, –He. 13:20
Pero María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. –Lc. 2:19
Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo,
el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno, –He. 13:20
Pero María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. –Lc. 2:19
Hno. Juan con Maria
¿Sabía María realmente a quién estaba arrullando esa mañana de la primera Navidad? Criada en un pueblo rural alejado de la vida ocupada de Jerusalén, ella era joven, quizá de tan solo trece años. Me pregunto qué es lo que meditaba en su corazón mientras descansaba en ese humilde establo.
¿Sabría ella que estaba cargando en sus brazos al Todopoderoso del universo (Ap. 1:8)? El Alfa y Omega (Ap. 1:8; 22:13), el gran Amén (Ap. 3:14). Ella estaba cargando al Brazo del Señor (Is. 51:9; 53:1), al Autor de la salvación (He. 5:9), al Santo de Dios (Mr. 1:24), al Rey de los siglos (1 Ti. 1:17), al Cordero de Dios (Jn 1:29).
Esa mañana de la primera Navidad, El Señor de Gloria (1 Co. 2:8) reposaba en ese pesebre. Nuestra Pascua (1 Co 5:7). El Príncipe de paz (Is. 9:6). El Hijo del Altísimo (Lc. 1:32). Luz verdadera que alumbra a todo hombre (Jn 1:9). Emanuel (Is. 7:14). ¡Dios con nosotros! Algún día espero preguntarle a María en realidad qué tanto conocía ella.
Pero sea lo que haya conocido, esto le llevó a responder a Dios como nunca lo había hecho antes.
¿Sabría ella que estaba cargando en sus brazos al Todopoderoso del universo (Ap. 1:8)? El Alfa y Omega (Ap. 1:8; 22:13), el gran Amén (Ap. 3:14). Ella estaba cargando al Brazo del Señor (Is. 51:9; 53:1), al Autor de la salvación (He. 5:9), al Santo de Dios (Mr. 1:24), al Rey de los siglos (1 Ti. 1:17), al Cordero de Dios (Jn 1:29).
Esa mañana de la primera Navidad, El Señor de Gloria (1 Co. 2:8) reposaba en ese pesebre. Nuestra Pascua (1 Co 5:7). El Príncipe de paz (Is. 9:6). El Hijo del Altísimo (Lc. 1:32). Luz verdadera que alumbra a todo hombre (Jn 1:9). Emanuel (Is. 7:14). ¡Dios con nosotros! Algún día espero preguntarle a María en realidad qué tanto conocía ella.
Pero sea lo que haya conocido, esto le llevó a responder a Dios como nunca lo había hecho antes.
- Ella se humilló a sí misma delante del Señor. Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra. (Lc 1:38).
- Se regocijó, porque ella sabía que Dios le había enviado a ella salvación eterna. Y al mundo. Entonces María dijo: Engrandece mi alma al Señor; Y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador (Lc. 1:46-47).
- En quietud meditó en su corazón los misterios de este evento que cambiaría toda la historia. Pero María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón (Lc. 1:19).
El Gran Pastor de María había llegado. A ella. Al mundo. Y el mundo ya nunca sería el mismo.
Quiero recordarte que el mismo Pastor Exaltado de María es tu Pastor Exaltado esta Navidad.
Humíllate a ti mismo ante Él, como María lo hizo. ¡Regocíjate! Tu salvación ha llegado. Y quietamente reflexiona en tu corazón. Emanuel. ¡Dios está contigo! Es Navidad. Tu nunca serás el mismo.
Quiero recordarte que el mismo Pastor Exaltado de María es tu Pastor Exaltado esta Navidad.
Humíllate a ti mismo ante Él, como María lo hizo. ¡Regocíjate! Tu salvación ha llegado. Y quietamente reflexiona en tu corazón. Emanuel. ¡Dios está contigo! Es Navidad. Tu nunca serás el mismo.
Para una lista completa de títulos de Jesús,
consulta TÍTULOS Y NOMBRES de tu Biblia de estudio Thompson (cadena #3891)
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-- Dr. Juan Jauchen985 – Cristo Como Pastor (revisar toda la cadena)
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